dimarts, 1 de novembre de 2011

El latín recupera su sillón en la RAE



El filólogo Juan Gil ingresa en la Academia en la vacante de Delibes
TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 31/10/2011

La RAE tapó ayer un sorprendente agujero: el de los latines. Juan Gil Fernández (Madrid, 1939), catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla, especialista en mozárabes y judíos conversos, amigo de tender puentes entre el mundo clásico y su herencia castellana, estudioso de Nebrija y la Inquisición, ingresó ayer para ocupar el sillón e, vacante desde el fallecimiento del novelista Miguel Delibes en marzo de 2010.




"El Olimpo homérico es una escuela viva de donjuanismo"
En su preceptiva glosa, Gil elogió al autor de El hereje como "un defensor apasionado de los débiles", un sagaz recreador del "alma del niño", un incansable trabajador ("el objetivo fue siempre el mismo. Escribir, escribir en días buenos y en días malos") y un hombre de bien: "Quien luchó en la Guerra Civil, siendo apenas un adolescente, en el bando de los vencedores, muy pronto tendió la mano a los vencidos".
Hacía 26 años, desde la muerte de Antonio Tovar, que ningún latinista participaba en la vida de la Academia, un hecho que Gil reseñó con asombro en su discurso de ingreso. "En una Academia como la española debería ser casi obligado porque el latín es la base de nuestra lengua", comentaba el filólogo un día antes de la ceremonia. Gil tiene una vasta colección de ensayos. Algunos de los más atractivos indagan en Cristóbal Colón, a quien en alguna ocasión ha definido como pésimo gobernante y fantástico escritor. Para su discurso de ingreso, sin embargo, no eligió al visionario navegante, sino a un personaje barroco creado por Tirso de Molina en El burlador de Sevilla y agrandado a la condición de mito universal gracias a sucesivas recreaciones literarias, el Don Juan.
El filólogo rastrea en el mundo clásico y encuentra antecedentes en el Olimpo homérico, "una escuela viva de donjuanismo", donde Zeus reina como "el perfecto burlador" y sirve de ejemplo para el resto de dioses y semidioses.
Encuentra el filólogo hasta siete similitudes entre Don Juan y Paris, el raptor de Helena, la bellísima reina de Esparta, a la que Gil define como "la primera femme fatale de la historia": su hermosura, su maestría en la seducción, su insaciable sed amorosa, su perpetuo viajar, su soledad y su final airado a modo de castigo. Hay también divergencias: "Se aprecia el abismo que separa la mente griega del barroco". El valor es una de ellas. Paris, sin ser un cobarde integral, decae en ciertas circunstancias, mientras que Don Juan jamás da signos de flaqueza. Y, sobre todo, les aguardó una suerte distinta. "La figura de Paris, execrada por su propio hermano, nunca logró rehabilitarse (...). Don Juan, en cambio, el perdulario impenitente de final tan terrible como asombroso, se abrió paso en la literatura europea fagocitando a otros personajes alternativos". Molière, Byron o Goldoni son algunos de los autores que reinterpretan al mito en el futuro.
En su contestación, el académico Francisco Rodríguez Adrados, antiguo profesor de Juan Gil y uno de los defensores de su candidatura, recordó con humor la manifestación que compartieron ambos en Sevilla contra la desaparición del latín como lengua obligatoria y cómo la secretaria del consejero les afeó la conducta: "Siendo, dijo, personas tan serias -tan viejos, quería decir-, organizábamos manifestaciones. La protesta no era de gran trapío, un poco pobretona, pero tenía el mérito del testimonio".